Imprenta

¿Quién inventó la imprenta?

No, Gutenberg no inventó la imprenta.

Se sabe que ya los romanos, alrededor del año 440 a. C., imprimían hojas sobre utensilios de arcilla.

Sin embargo fue Bi Sheng, en China, quién inventó el primer sistema de imprenta con tipos móviles. Este sistema se basaba en la utilización de complejas piezas de porcelana en las cuales se tallaban caracteres chinos. Esto suponía un procedimiento bastante complejo dada la inmensa cantidad de piezas que hacían falta para poder cubrir todos los caracteres del idioma chino.

En 1234, algunos artesanos de la dinastía Koryo (actualmente en Corea), sabedores de los logros chinos con el sistema de tipos móviles, crearon otro juego de tipos móviles realizados en metal que fue la antesala de la creación de la imprenta moderna. Aunque eso si, su uso era algo bastante raro.

No fue hasta el año 1450 aproximadamente cuando Johannes Gutenberg creó la que conocida como «imprenta moderna». Existe de ello bastante documentación que atribuye a Gutenberd dicho invento, al menos como imprenta moderna; aún cuando en Europa ya hubo muchas personas que pretendieron formar parte de  este arte. Fué sin embargo Gutenberg quién dada su iniciativa y sus propias ideas quién quedó en la historia como inventor de este sistema de impresión, aunque curiosamente su nombre no consta en ningún impreso conocido.

Como es habitual con los descubrimientos de la humanidad existe una controvertida historia donde aparecen varios nombres en disputa por el título de «Padre de la Imprenta». Mnatelin (impresor de Estrasburgo), el italiano Panfilo Castaldi, Aldo Manucio y Lorenso de Coster, entre otros fueron detentadores de dicho título por su relación con la imprenta.

Sabemos que hasta el año 1450 (y posteriores) los libros fueron realizados en copias manuscritas, en su mayoría por monjes y frailes dedicados casi exclusivamente al rezo y a la copia y réplica de ejemplares por encargo del propio clero. Teniendo en cuenta que muchos de ellos no sabían leer ni escribir, resulta curioso observar cómo realizaban la función copista imitando los signos que en la mayoría de ocasiones no entendían, y aportando su particular decoración en las letras capitales y las ilustraciones.

Gutenber por su parte, apostó que sería capaz de hacer varias copias a la vez de la Biblia en menos de la mitad de tiempo que tardaban habitualmente los más rápidos de los monjes copistas. Para ello requirió la ayuda económica de Johann Fust y emprendió dicho reto sin ser demasiado consciente, suponemos, de lo que su invento representaría posteriormente para toda la humanidad.

Para esta empresa, en vez de usar las tablillas de madera (usadas habitualmente) que se deterioraban bastante con el uso, diseñó unos moldes de madera con cada una de las letras del alfabeto, los cuales rellenó con plomo, creando los primeros tipos móviles. Como plancha de impresión amoldó una vieja prensa para uva, a la que sujetó dicho soporte con los tipos móviles que había fabricado con un hueco para las letras mayúsculas y las ilustraciones que luego se incluirían mediante un método más antiguo conocido como xilografía.

Así, tras agotar en varias ocasiones sus recursos económicos, volver a pedir dinero a prestamistas, asociarse con diferente inversores y otras muchas visicitudes, Gutenberg salió de su primera aventura como impresor arruinado y se cuenta que fue acogido por el obispo de la ciudad, quién reconoció su trabajo hasta su muerte, pocos años después.

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